Clarice Lispector

3.jpg   10/12/1920 – 09/12/1977

Nace en Tchelchenik, Ucrania, en 1920. A los dos años de edad, llega a Brasil con sus padres y dos hermanas que se instalan en Recife. Su infancia está marcada por las dificultades económicas. Comienza a escribir a los 11 años en Pernambuco. Envía sus escritos al Diario de Pernambuco (que dedicaba una página a composiciones infantiles), pero todas son rechazadas por no tener un argumento, sino sólo sensaciones. A los nueve años, al morir su madre, la familia se muda a Río de Janeiro, donde Clarice comienza a trabajar como profesora particular de portugués y traductora. La relación entre alumno y profesor sería uno de los temas recurrentes en su obra, desde su primera novela: Cerca del corazón salvaje. Estudia Derecho. Comienza a trabajar como redactora. Así conoce a escritores y periodistas como Antônio Callado, Hélio Pelegrino, Fernando Sabino, Paulo Mendes Campos, Alberto Dines y Rubem Braga. En 1942, comienza a escribir Cerca del corazón salvaje, según ella, un proceso rodeado de angustia. La novela la persigue. Las ideas le surgen a cualquier hora, en cualquier lugar. Así nace una de las características de su método literario: anotar ideas a cualquier hora en cualquier pedazo de papel. En 1943 conoce y se casa con Maury Gurgel Valente, que luego de terminar su carrera de derecho, comienza una carrera diplomática. El matrimonio dura 15 años y de él nacen sus dos hijos Pedro y Paulo. En 1944 publica Cerca del corazón salvaje, que deja perpleja a la crítica literaria. Algunos dicen no entender la novela y otros intentan encontrar influencias de Virginia Wolf y James Joyce, cuando ella ni siquiera los había leído. El libro recibe el premio de la Fundación Graça Aranha. En la novela, Clarice explora por primera vez la soledad y la incomunicación humanas, en una prosa poética inquieta. Clarice se siente dividida entre la obligación de acompañar a su marido y de tener que dejar a su familia y amigos. Permanece en Nápoles hasta 1946. Durante la Guerra, presta ayuda en un hospital de soldados brasileños. En 1944, concluye La lámpara, que se publicaría en 1946 y que trata sobre una relación incestuosa. Ese año pasa a vivir en Suiza, “un cementerio de sensaciones”,  según la escritora. Los tres años siguientes serán particularmente difíciles en lo que se refiere a la creación y su vida personal. En 1946 intenta comenzar La ciudad sitiada,  libro que publicaría en 1949. Para Clarice, la vida en Berna representa una miseria existencial. Afirma que lo que le salvó la vida en Berna fue el nacimiento de su hijo Pedro y el haber escrito uno de los libros “que menos gustaron”.  Entonces escribirá con la máquina de escribir en el regazo para poder cuidar de su niño. En 1950, en Inglaterra, Clarice inicia un esbozo de lo que sería La manzana en la oscuridad, publicado en 1961. Antes de establecerse en Washington, regresa a Brasil y vuelve a escribir para los periódicos entre mayo y septiembre de 1952, con la columna “Entre Mulheres”,  bajo el seudónimo de Tereza Quadros. En septiembre va a Estados Unidos, embarazada de su segundo hijo. Durante los ocho años de su estadía en ese país, regresa varias veces a Brasil. Continúa escribiendo La manzana en la oscuridad, que sería publicado sólo en 1961, en medio de conflictos domésticos e interiores. Con el nacimiento de sus hijos, Clarice Lispector comienza a incurrir en la literatura infantil . Al decidirse por la separación en 1959, regresa a Río de Janeiro con sus hijos, donde comienza a enfrentarse a dificultades financieras y afectivas. El dinero que recibía como pensión no era suficiente, ni las entradas que recibía como derechos de autor. Clarice retoma el periodismo y en 1960 termina su primer libro de cuentos Lazos de familia.  En 1963 escribe La pasión según G.H., un marco de cuestiones metafísicas, y a partir de la cual se la considera una de las voces más importantes de la literatura brasileña. En 1966,  la escritora se queda dormida con un cigarrillo encendido en la mano,  con lo que provoca un incendio en su departamento y sufre quemaduras graves que la obligan a una internación de dos meses. Las cicatrices profundas la sumen en una profunda depresión. Recibe el apoyo de sus amigos y consigue continuar escribiendo títulos como La mujer que mató a los peces, Un aprendizaje o el libro de los placeres, Agua viva, Felicidad clandestina. Al mismo tiempo que escribe intensifica su trabajo como traductora para poder mantenerse. En 1976 escribe La hora de la estrella y toma notas para Un soplo de vida. En 1976, tras el rumor de que Clarice ya no aceptaría dar entrevistas, el biógrafo José Castello insiste y consigue realizar una entrevista para “O Globo” con la promesa de que sólo se difundiría después de su muerte. De ella surge este famoso intercambio:
J.C.: ¿Por qué escribe usted?
C.L.: Le voy a responder con otra pregunta:
        ¿Por qué bebe usted agua?
J.C.  Porque tengo sed.
C.L.: Quiere decir que usted bebe agua para no morir.
         Yo también: escribo para mantenerme viva.
Un día antes de su cumpleaños en 1977, Clarice muere por una obstrucción intestinal provocada por un adenocarcinoma de ovario irreversible. Días después, TV Cultura transmite la entrevista. Tres libros póstumos son publicados al año siguiente. Clarice era, más que una escritora (como ella misma decía), una “sentidora”,  al registrar las palabras de lo que sentía. Según Claire Varin sólo es posible leer a Clarice tomando su lugar, siendo Clarice. Lo prueba citando a la autora: “El personaje lector es un personaje curioso, extraño. Al mismo tiempo que es completamente individual y con reacciones propias, está tan terriblemente ligado al escritor que en realidad él, el lector, es el escritor”


 

“Escribir es tratar de entender,
y tratar de reproducir lo irreproducible,
es sentir hasta el fondo el sentimiento
 que de otro modo permanecería vago o sofocador.
Escribir es también bendecir una vida que no fue bendecida.” C.L.

¿Qué podemos esperar?

De regreso de Barcelona a Londres, vuelvo con las manos vacías.

Cada visita es una nueva respiración que me da una dosis doble de oxígeno lingüístico tan necesario después de 21 años en Londres.  Es un oxígeno de una idiosincrasia diferente. Aunque después de tantos años fuera de Argentina, ya no interesa si la sangre es A, B, O positivo o negativo.  Volviendo a lo que me ocupa, el oxígeno no pudo suplir la búsqueda infructuosa de dos libros importantes. Dos regalos prometidos en sus traducciones al castellano. Primero, La mujer completa de Germaine Greer, un libro lleno de humor, ingenio y lucidez y sobre todo conocimiento. Toda mujer u hombre que desee adentrarse en la verdad del ser femenino se beneficiará al leerlo. Podrá también llevarse algunas sorpresas y no estar de acuerdo con todo lo dicho por Greer, pero sin duda el ensayo es un desafío en sí mismo. Lo que me lleva al segundo libro, una de las novelas de las que se han hecho más estudios monográficos en Brasil. Un libro enigmático y al mismo tiempo de una claridad que asusta. Es un viaje de auto conocimiento sin casi personalización que lleva al personaje a una verdad universal. Es un libro que compromete profundamente, pero sólo si el lector se abandona a ese abrazo magnético de Clarice Lispector. Me refiero a La pasión según G.H. de este monstruo de la imaginación nacida en Ucrania pero criada brasileña. Regresé con las manos vacías. Después de una inútil incursión en un sin fin de librerías de Barcelona que incluyen Alibri, Librería Catalonia y La Casa del Libro, llegué a la conclusión de que los libros importantes ocupan cada vez menos las estanterías de las librerías y me pregunto si será porque el lector tampoco ocupa pensamientos importantes. Por la cantidad de libros dedicados por sus autores a entretener o distraer de las ideas importantes, no tengo más que concluir que el lector mayoritario, el que se llena la bolsa de tanta palabra fácil es de lectura fácil también.  Dos preguntas en una: ¿Es que la librería subestima al lector o que al lector no le “apetece” el libro que cuenta algo más que una historia? Siempre me intrigó saber si es la publicidad la que vende o el público el que compra. O son ambos los que se alimentan mutuamente de su necesidad. Si así fuera, no hay mucho que esperar de lo que seguiremos encontrando en el menú literario…
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