¿Quién le hacia la cena a Adam Smith?

 

¿Quien le hacia la cena a Adam Smith?       La falta de toma de conciencia, paralizada e impedida a través de los siglos, es tal que esta pregunta surge nueva, como si hasta ahora nunca hubiera sido posible, como una enorme epifanía literaria que finalmente ilumina el pasado y el camino futuro.

Una pregunta simple, en boca de una mujer quien la descubre como una aguja en un pajar, el del patriarcado que en su inmensidad la mantiene escondida, aguda y profunda. Un aguja de oro que perfora todo razonamiento rancio encerrado dentro de este pajar denso, compacto y seco.

Katrine Marçal encuentra esta aguja dorada y nos la presenta en bandeja de plata junto a este magnífico libro, llevándonos con soltura dentro de un texto entre irónico y contemporáneo, pero ajustándose con rigor a un marco socio-económico para develarnos los falaces supuestos sobre los que se sostienen los conceptos y teorías económicos modernos que han llevado a las diferentes crisis y las debacles financieras recientes.

Al ofrecernos un análisis profundo y detallado del camino de la economía de los tres últimos siglos, Katrine desenmascara al homo economicus de Adam Smith como un gran impostor del mercado perfecto que todo lo sabe. Más bien, que todo lo destruye, prueba Katrine, con su cinismo ególatra y su incapacidad de empatía o espíritu colaborador. Y lo que resulta ser aún más dañino, la exclusión histórica de la mujer de todo modelo económico. El homo economicus de Adam Smith es un hombre desapegado de su entorno, su comunidad y su sentido humano, más parecido a un robot que odia al mundo y que por ello lo usa para su propio beneficio.

Se me hace que Adam Smith es una especie de Dr. Frankenstein, en su intento de crear un ser a su imagen y semejanza, con su misma frialdad y desapego del mundo y de su madre, quien todos los días le preparaba la cena, una noción trastocada que Smith utilizó como punto de partida para sus teorías del comportamiento económico. Y sin embargo, no supo interpretar el valor intrínseco de esa cena, por la simple razón de haber hecho de su madre un ser invisible. De allí sus teorías que despojan a la mujer de todo papel o participación. No es de extrañar que en un mundo profundamente patriarcal las teorías político-económicas de Adam Smith en 1776 no sólo no encontraran oposición alguna, sino que fueran bienvenidas y celebradas, siendo que responden a una visión del mundo masculina al extremo y por qué no decir misógina.

Aún hoy, venimos arrastrando los mismo modelos, renovados, ampliados, adaptados en sucesión por nuevos economistas a través de las décadas. Sin embargo, hoy no pueden negar sus bases anacrónicas y fallidas. Katrine Marçal sí tiene otras propuestas, más evolucionadas e inclusivas, que responden a un modelo humano de colaboración y entendimiento profundo de nuestras necesidades dentro de la sociedad.

Nos plantea un nuevo desafío, el reemplazo total del homo economicus.

Este es un libro inspirado y visionario. Lectura obligatoria para toda mujer que desee entender su papel en este momento de grandes cambios y reivindicaciones necesarias y para todo hombre comprometido con un mundo compartido en busca de soluciones reales, saludables y justas.

Alejandra Guibert

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