Maruja Mallo

Maruja Mallo   05/01/1902 – 06/02/1995

Artista plástica innovadora, Mallo fue una de las principales colaboradoras del movimiento surrealista español, pero su nombre apenas se conoce en comparación con sus contemporáneos, debido a la tendencia de ser consideradas “musas” por los artistas amigos como Dalí, quien la describió como “mitad ángel y mitad crustáceo”.
Sin embargo, la obra de Mallo cuenta una historia diferente, ya que nunca se casó y eventualmente dejó de incluir la figura masculina en sus cuadros, al crear un mundo que muestra una mente comprometida con la búsqueda de la belleza, sin dedicarse, como se espera de su género, a lucir bella.

Maruja nace en Viveiro, siendo su padre funcionario de aduanas, la familia cambia de ciudad regularmente hasta su destino permanente en Madrid en 1922. Es allí que Maruja ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, la escuela de arte más prestigiosa de España, y se relaciona con jóvenes poetas y artistas en la escena española, algunos de ellos parte de la generación del 27. Conoce a Salvador Dalí y a la poeta Concha Méndez, quienes la presentan al circulo de la residencia de estudiantes, donde entabla amistad con Lorca, Buñuel y Rafael Alberti, con quien mantiene una relación amorosa significativa, que fue silenciada por mucho tiempo tanto en su biografía como en la del poeta. Concha Méndez y Maruja paseaban por Madrid como mujeres emancipadas, en bicicleta, practicando deportes, frecuentando cafeterías y asistiendo a eventos literarios o verbenas populares. Durante estos años, Maruja crea su propio lenguaje artístico, atenta a los ecos de las distintas vanguardias en España: el futurismo, el surrealismo, y también absorbiendo las expresiones del arte popular.

En 1928 Ortega y Gasset le brinda los salones de la Revista de Occidente para realizar su primera exposición, protagonizando las tensiones creadoras que se vivían en España a final de los años 20 hasta la Guerra civil. A finales de 1928 se acerca al surrealismo fruto de sus avatares  personales y de la relación que establece con Alberto Sánchez y Benjamín Palencia. Bajo el nombre de Escuela de Vallecas recorrerán los paisajes desapacibles y duros que rodean a Madrid. Hasta 1931 explora estos paisajes que darán lugar a la serie “Cloacas y campanarios”, que compagina con colaboraciones en escenarios teatrales, con realización de dibujos para la portada de la Revista de Occidente y el diseño de tapas de libros.

En 1931 viaja a París, acompañada de su padre, donde permanece varios meses y expone su obra. Numerosos intelectuales y artistas como Picasso y André Bretón visitan y acogen la muestra con entusiasmo. A su regreso a Madrid, a finales de 1932, su estilo da un giro. Sus nuevas series “Arquitecturas minerales”, inspiradas en piedra, y “Arquitecturas vegetales”,

pobladas de frutas extrañas, mantienen la sobriedad cromática pero someten sus formas a esquemas geométricos. Durante esta época combina su trabajo artístico con un claro activismo por su compromiso con la República.

Antes del estallido de la Guerra Civil, en 1936, realiza una obra clave para el período artístico en el que se embarcará al otro lado del Atlántico: “La sorpresa del trigo”. Este mural, es el primero de la serie “La religión del trabajo”.La Guerra Civil la sorprende en Galicia, donde viaja con Misiones Pedagógicas, y allí permanece hasta 1937. Este mismo año, tras embarcar en Portugal, llega al puerto de Buenos Aires donde es recibida como una artista de renombre. Dará numerosas entrevistas y conferencias, escribe artículos y realiza la obra pictórica “Arquitectura humana”. Seguirá trabajando en lienzos que componen un amplio ciclo dedicado a dos temas principales: el mar y la tierra.

Viaja por Latinoamérica. En Chile coincide con su amigo Pablo Neruda. En 1942 Ramón Gómez de la Serna y Atilio Rossi le dedican un libro editado por la Editorial Losada. Realiza varias series: “Retratos bidimensionales” sobre rostros femeninos de frente y perfil, imágenes planas y prototípicas, “Bailarinas”, “Máscaras”, dibujos esquemáticos reunidos en “Arquitecturas” y, finalmente, “Naturalezas vivas”, variaciones sobre seres zoomórficos inspirados en la geología y la fauna sudamericana. Estas últimas en una serie de gravados, dibujo y óleo hasta 1960, cuando decide regresar a España.

Su obra, cada vez más valorada por galeristas y críticos, quienes hoy día la ven como la encarnación de una vanguardia ocultada por el franquismo. Tras la muerte de Franco le llega el reconocimiento total, obteniendo la Medalla de Oro de Bellas Artes en 1982 y en 1993 la exposición antológica en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo. Para ese entonces, Maruja ya estaba muy enferma. Fallece en la residencia de ancianos Menéndez Pidal de Madrid.

Maruja Mallo painting th

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